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Iván Carvajal
(Ecuador, 1948)

ULISES

Va a soñar entre los picos de las gaviotas
Que vienen a sus pies por las migajas

Nadie asome a perturbar su somnolencia

A solas rumia el chasquido de las madreperlas
Enhiesto marino que enhebra sus leyendas
De Corsario de puertos lejanos

Viejo es su hábito de esconderse con los pájaros
En él nada queda de la ostentosa astucia
Y el olvido jubila sus Calypsos sus Penélopes

Ya sólo el sueño saquea sus andrajos.

VARIACIÓN SOBRE HANSEL Y GRETEL

Mordisqueando el escapulario desciende                                   
            parca de palabras
por la escala
rasgada hasta las uñas por la luz del mediodía
                                                            viene hasta mí
                                                            p u n t u a l
estoy siempre al acecho
                        soñándola distinta
                        aceitunada
                        en explosiones verdes
(y mi hermana
en Sus descuidos
rondará alargando sus dedos dentro de los agujeros
de la pared)
                                                Ella
se llega aletargada
con el lenguaje necio de la espera
                                                (y mi hermana en retraso)
con el lenguaje despoblado de lo que no puede evitarse
                                                (perpetuamente)
y nuevamente vieja la veo venir indistinguible en la excesiva claridad
adivino:
                        su cuello ocre
                        sus pechos de orín
                        hollín al vientre
                        sexo oxidado
(ya nada hay que pueda adelgazar mi meñique hasta aquel punto
                        habituado como me encuentro
                        a verla acercarse por el puente
                        apoyándose en su herrumbroso cayado
mordisqueando el escapulario desciende
                                                            parca de palabras

(De Del avatar).

ROCAS
La roca se adentra en las aguas, una mano escarpada que acaricia los flujos. Paraje de
agrestes murallas, agujas que rasgan un cielo en cenizas. Sobre el basalto braman
huracanes de granizo. Y el torrente, cuando acaricia, roe.

Resisten esas paredes de granito al embate que cambia las tallas de los despeñaderos, pero   no permanece igual el lecho en la borrasca. Día por día la arena cercena la piel petrificada y el agua agujerea la roca del fiordo. De la misma piedra surge la arena que lima y corroe las superficies de afilados sables.

¿Y no es la misma roca testigo de ese afán contra el rozamiento y la catástrofe? Acaso su victoria asista bajo la fuerza que ilumina las aristas, en el resplandor de sus cuchillas buriladas...

Líneas que dibujan fuerzas, mapas de la pasión. ¡Farallones, llameantes reductos de quimeras!

El cántico se elevará en sí mismo, piedra sobre piedra, al puro impulso de persistir en sus domos, en sus dardos, en sus astillas. Es su nervio, es su médula.

Baña la luz los riscos. Y del susurro se desprende el pedazo que rueda sin punto de reposo hacia la sima.


POR LA CAÑA AÚLLA EL VIENTO

¿Hubo otro universo así, tan a la mano? Un universo coagulado en un trozo de pan, en el
tibio mordisco dado en la fruta.

Aguas en remolino golpean sobre las cuerdas. Golpean con su señal en la madera vibrante
el huracán, la desdicha, el furor. Golpean las otras brisas que llegan de muy adentro.
Desde las praderas y el páramo.

Traen sus ruidos la catarata, el desplome de los troncos trabados en el dique de los castores,
el hermoso aullido de las salvajes bestias. Festín, fortaleza, celo, dentellada y
degüello. Dichoso es el grito de la hembra del lince, penetrada. Inútil, fatídico el chillido del ratón entre las garras del búho.

La noche: aroma de hierba, de cebo, de lecho.

Por la caña aúlla el viento. Golpea la lluvia el polvo. Golpean los dedos sobre la piel del
timbal. Bebo hasta la embriaguez este aire, esta miel. Este cáliz.

(De Inventando a Lennon).

SERPIENTE

Entre las grietas húmedas
los escombros
                           y la temprana hierba                        y la temprana hierba
el brillo de la escama

no es a tu talón adonde apunta
el dardo
            no es a tu sangre
adonde trepa la pesantez
fluyente y helada

si asciende ahora
es porque va a la lumbre
esa espiral de anhelo empozado
la hebra que la torsión desgasta

que tu pie vagabundo vaya sin apremio
en zigzag semejante a su borroso rastro
y no envenene tu clamor
ni a las aguas ni al aire

pues basta un parpadeo
y desde su fulgor
soplará la aurora.

PECES

Bosteza
y por el vidrio
asciende
un globo de tiniebla

áureo la sombra esquiva
capta la piel el rayo
y va a esconderse

el otro es el sinuoso
golpetea a su diestra
sacudiendo la orilla

mordisquea la hilatura
vegetal el pez plata
y despeña su albergue

se niegan mas se abrazan
uno trama la noche
otro trae la aurora

si con uno vienen mareas
el otro expande el silencio
uno en claro y otro en sombra.

(De La casa del furor).

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