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José Ángel Leyva
(México, 1958)

CATULO EN EL DESTIERRO
(fragmentos)

Algo busco entre este montón de eternidades
        alguna brizna inmortal en mi cerebro
       el filo de unos labios que corten
                       la soga de mi cuello
                       mi asfixia
                       mi ponzoña

*
Tal vez persigo lo inefable
con lujo de detalles
como ola exclusiva en perpetuo movimiento
o la imagen que perdió su semejanza
en el deshielo de sus gestos

Busco una tarde que nunca dé las siete
para arrancar racimos de risas
                                      de muchachas
y en medio de todo ese alboroto
colgar mi locura de una rama
que dé sombra a mí cabeza
mientras muerdo un señuelo de nubes
con ojos golosos de aventuras

Busco en el plano de mis manos
           estrellas rutilantes
           líneas nuevas
           nervaduras de luz
           brotes alertas al latido
           que comienza a desgastar la fuerza
           un remanso donde pueda agitar el tiempo
           y sacudir los segundos
           que pican mi piel y la envejecen
Busco puentes sin dolor
para cruzar el cauce de un espejo
y ver desde otra dimensión lo que termina

Busco el doblez del verbo
en las proximidades genitales del destino
donde manan los recuerdos
de un idioma adherido a los objetos
Viajo a un punto donde el relámpago
y el trueno se distancian
donde una promesa nos hizo nacer
                             sin esperanza
Voy hasta una fantástica caverna
para observar los presagios de los sueños
para espulgar la astronomía del alma
Voy a lo inaudito
con el corazón arponeado por la duda

Antes del parto vegetal
desnudos
el día y la noche
copulaban sobre una espiral inexistente
Nacía el uno con el otro
el otro nacía sobre el uno
sin aritmética

No había mesura aún
en el recuerdo
lo blanco todavía comulgaba con lo negro
ni lo bueno ni lo malo
cuando no existía la infamia

La vida era una célula
un ir y venir sin estaciones
un punto rodante
                en las arterias del olvido

El tiempo inventó su relojero
lo puso de pie
le abrió los poros
colocó en sus manos el pulso
y el cambio de las cosas
lanzó su mirada hacia el futuro
y lo invisible se llenó de sueños
El relojero navegó por su cerebro
Volvió la vista...
la realidad estaba lejos

Sobre la carne viva el universo
espolvorea su sal
adhiere el moho
que escapa por las grietas de la inercia
El movimiento propio ralla
la piel del individuo
contra esa estrecha gravedad
que circunscribe la existencia
Como ungüento cubrió la desnudez el símbolo
Fue la ropa principal
única casa a la intemperie
cosmovisión a través de una rendija
señal del mundo
para quien viaja a la deriva
sin oler sus puertos

          *
En los terrenos blandos de la mente
cabía la sensación del infinito
Se acurrucaba el recuerdo para no sucumbir
ante el azolve de los días
La densidad del signo pintó
como azogue los vidrios del silencio
en éste escribió
                          el impulso vital de cada instante
atrapó sus ruidos

          *
Alguien descubrió la imagen de Dios
Cuando se vio a sí mismo
reflejado en el estanque de la noche
Venía un ojo para cada estrella
un brillo glacial en las pupilas
              con filamentos de sorpresa
Musitaba su ternura
entre las formas del viento
Era un arreglo cósmico
en su aparente soledad de niño
Era una mueca de nostalgia
que apagó a la Luna
galaxia de galaxias inmortales
contenida en la hondura de su boca
Alguien descubrió la imagen de sí mismo
cuando vio el reflejo de Dios
en su palabra
Antes de crucificar la piedad
                                    la respiración del silencio
                                    endulzaba la muerte

Bebían los hombres
en las orillas de sus cuerpos
los signos transparentes de la lluvia

Pintaban sus mañanas con el resplandor
               divino del relámpago
Oían sonidos de esferas cristalinas
         bullicio de premoniciones
         océanos que salpicaban
el ojo oracular de la ignorancia
Los poetas hacían malabarismos con los astros
Eran como saltimbanquis en relojes de arena
 clepsidras cantando la novedad
de las horas

Caían como gotas de saliva de ese dios atónito
                                           al anunciar una nueva palabra

Se abría la herida en la epidermis
                             muda del misterio

por donde saltaban como liebres
                               los gestos de las cosas

y los vocablos del espíritu
Semilla y fruto del ensimismamiento
Esencia y proporción del nombre con su origen
                Letra y número del ser
                 Ser verdadero del número y la letra

La poesía era polen
signos‑llaves
aliento objetivo
entre lo real e imaginario
Los sonidos humedecían sus raíces
en las cavidades del átomo
para contar secretos sin lengua
para cruzar puertas cerradas

La intimidad del verbo brotaba sin pudor
                                       como luciérnagas
en la garganta oriental
                                       de las sombras heladas
Amanecer evocaba el fruto natural de la noche
                                   porvenir del sueño
                                   abrir y cerrar los ojos
La voz colgaba del olor
sabía a colores
juntaba los extremos en un párpado
cronometraba el pecho
tomaba al miedo por sus dedos de anciano
                           y lo llevaba a dormir
                           entre sus músculos serenos
a1 lecho emocionado de la sangre

Pero el deseo regurgitó en las sombras
          la verdad dudaba de sí misma
                          sopló la incertidumbre
                          desmoronó la calma
Partieron gambusinos a explorar su imagen
En los linderos de un parto
                         hallaron su sentencia funesta
Las señales del viento
                   garabatos del aire
escondían sus ojos transparentes
a los acuosos silencios
que nacían muriendo

No sabían los nombres del olvido
los cuándo los por qué los dónde
¡Se quebró
                 la rama
                             del lenguaje!

Una palabra al comienzo faltaba al diccionario

Hastiados de ser niños
                 los viejos saltimbanquis
se hicieron acertijos
Quitaron las sonrisas del público invidente
   los aplausos sin manos
   el escenario sin público
   las luces de un espectáculo
                             donde tampoco ellos existen

La sedición despellejó inocencias
Un rostro ingenuo se caía
a pedazos
¿Qué máscara podría quedarle?
qué rictus qué sonrisa idiota
qué corteza inmortal
para no mirar su cráneo?
¿En dónde estaba Dios?
¿Por qué no respondía?
Ayer se fue del mundo
                   a construir su propio mundo

 

(Inédito).

 

 

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